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Entre estantes






Pasea entre los estantes de libros, pasa uno... pasa otro, le encanta esta biblioteca, le gusta manosear los libros, no le agrada que alguien tras un mesón le pregunte que compendio de letras quiere inyectarse, como diablos puede ella dar una certera respuesta cuando ni siquiera lo sabe y en este aspecto no vale nombrar el primer titulo que  vea, aunque en anteriores ocasiones se ha llevado gratas sorpresas en su bolso, bajo el brazo o si es demasiada la impaciencia, bajo sus narices mientras sus ojos bailan entre las líneas, creando un baile hipnótico.



Le gusta sentarse y observar a las personas ensimismadas, si tuviera la capacidad de adentrarse en sus mentes sería fascinante ver aquellos mundos creados imaginativamente, le gusta estar en la sala infantil y ver pequeñas personitas que a pesar de todo lo que el mundo actual ofrece, prefieren estar ahí escuchando un cuento, viendo una representación teatral, haciendo manualidades.




Sigue entre estantes, avanza parsimoniosamiente, no piensa en nada, se dedica a absorver lo que su incompleta visión le otorga, mas no puede evitar evocar, aunque deseaba mantenerse en blanco, es que sus pies la han llevado al mismo lugar, es el mimo pasillo donde vió tan curiosa escena, como sacada de una película indie, un muchacho sentado en el suelo, entre los estantes donde ella ahora está deambulando, en aquel entonces ella buscaba un libro ansiosamente sin fijarse por donde se movían sus pies, solo concentrada en los títulos que hacían fila y competían entre diseños y colores para llamar su atención, tropezó con aquel tipo… terminó siendo un gran día.


Recuerda mientras pisa las hojas secas, es el mismo recorrido que ella le dio aquel día, salir de la biblioteca y entrar al parque, compartió su pequeño placer, caminar sobre un montón de hojas secas, cerrar los ojos y bañarse de aquel sonido, desconectarse de la presión, de las desilusiones, de los detalles mundanos


... pero fue demasiado en aquel entonces el tiempo que permaneció con los ojos cerrados, ahora se lamenta, pues  tan centrada estaba en el sonido de sus propios pasos componiendo una sinfonía de crujidos, que fue incapaz de distinguir aquellos que se alejaban. Abre sus ojos cargados de nostalgia, rayos!, nuevamente acabó en un significativo lugar… deja vu, con el mismo libro que aquel día él pidió que le sostuvierá, es el mismo está segura, aún tiene marcado el surco que dejaron sus lagrimas cuando tomo conciencia de que fueron muchos los minutos que se escabulleron volando a la par del viento helado que alborotaba su cabello.

Ella sigue volviendo a la biblioteca, quizás se lo vuelva a encontrar, pasea entre los estantes de libros, pasa uno... pasa otro, le encanta esa biblioteca, aunque los buenos recuerdos terminen doliendo.

Se sienta entre las hojas secas, abrazando el libro, testigo mudo de aquella misteriosa tarde, nunca otros ojos le habían transmitido tanto, así como nunca ha leído aquel libro, le agrada sufrir con recuerdos evocados, pero sin exagerar, sin embargo hoy quiere hacerlo a cabalidad, quiere cerrar esa historia, han sido muchos paseos entre esos estantes piensa, aunque le fascinen… esta es una despedida, no a los paseos, eso es algo que ni ella misma se puede quitar, sino una despedida a él.

Mientras lee, su celular vibra exaltándola, cae el libro al suelo, un gran bufido de frustración huye de entre sus labios, celular apagado, sonríe satisfecha, sin embargo esa triunfal sonrisa se esfuma, no le agrada maltratar los libros, se apresura a recogerlo, ha olvidado poner un marcador, por ello perdió la página en la que iba, sacude la tierra de la página ahora abierta... algo llama su atención, un mensaje escrito en la orilla.

"Mañana aquí, a la misma hora, me toca a mi mostrarte un lugar especial 
-El muchacho del estante- ". 

Ella no puede evitar que sus recuerdos la obliguen a viajar, pues dista mucho de ser una invitación, ya que aunque desistiera de ella, algunas veces la mente no es obediente.

 -Lo siento, no es cotidiano encontrar muchachos sentados entre los estantes-, le dice ella muy avergonzada, -Bueno, el muchacho del estante no hace cosas cotidianas- le responde él mientras la ayuda a ponerse de pie.

Una vez esfumado aquel recuerdo fugaz sigue leyendo, la nota tiene una fecha, la de ese memorable día, es el mismo muchacho!!, esperanza... es lo que la embarga, otra línea, esta vez más pequeña, en letra casi ilegible

"pagina 78"

...

Con el corazón latiendo de manera dolorosa, pasa de hoja en hoja en busca de aquel esquivo y egoísta mensaje, un año escondiéndose de ella, se revela un nombre y un apellido, el muchacho del estante ha ganado una identidad, bendita tecnología, ahora su celular no le resulta molesto, se alegra y agradece el último regalo que le dio su padre, facebook, buscar, sus manos tiemblan en anticipación, mientras la página carga hasta que, nuevamente, esos ojos, es él, después de tanto deambular entre estantes, la misma sensación, a pesar de tratarse de una foto, tanto que intentan decir, sin necesidad de palabras

MOMENTO...

 Desde una banca cercana un anciano hombre la observa, observa a una muchacha entre hojas secas, esa muchacha que de pronto pierde todo color del rostro, aquel rostro que alberga una lagrima, aquella lagrima reflejo del dolor, dolor que la embarga, ¿Que dolor?. Pérdida sin pertenencia... pudo haber sido una gran historia.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

 -Vamos "D"!, dime como termina - Exige el Bufón a su amiga "D", pues le encanta este juego, observar a las personas en el parque, he inventar historias de sus expresiones, de sus actos, de sus ojos.

- Da igual, si te cuento el final Bufón, perderás el interés- Responde "D" girando rápidamente su cara, no quiere que Bufón vea el atisbo de risa que amenaza delatarla, pues su amigo Bufón se siente herido cuando no es él quién le roba las sonrisas, al fin y al cabo, para eso lo contrató.

- "D", no lo sigas intentando, tiemblas aguantado tus carcajadas, ¿Por qué te gusta dejarme a medias?, ¿Qué pasó?, ¿Está casado, tiene a otra, sale con un hijo en la foto? - Bufón trata de inventar escenarios e intenta leer del rostro de su amiga si ha acertado o no, ve como "D" adquiere seriedad, es la señal, lo sabe, deja de insistir, ella se lo contará.

-Querido Bufón, la vida es ahora, si no lo aprovechas es tarde, arrepiéntete de lo que hiciste, no de lo que no alcanzaste a hacer...

- ¿¿Murió..??!! .- su voz sale cargada de dolor, a Bufón no le agradan los finales tristes y "D" siempre dice que podría ser peor, él pregunta - "D", ¿Cómo podría ser peor?- "D" sonríe, le agrada que Bufón recuerde
esas cosas.

- Sería peor si ella hubiera leído el libro un año atrás apenas abrió los ojos y notó su ausencia, sería peor porque ella hubiera acudido a la cita, sería peor porque ella hubiera estado en el mismo lugar mirando hacia la calle en busca del muchacho que hubiera cargado en ese instante con su identidad descubierta, hubiera sido peor porque ella habría reconocido aquel abrigo bambolear a causa del  viento otoñal que habría abrazado el instante, peor porque habría visto la sonrisa aparecer en el rostro de ese muchacho a la par de la sonrisa que se habría instalado en su propio rostro, hubiera sido peor porque la ansiedad del reencuentro no la hubiera dejado ver, así como no vió él aquel automovil acercándose peligrosamente, hubiera sido peor porque el llanto la habría embargado mientras lo abrazaba impidiéndole cerrar los ojos, hubiera sido peor, porque cargaría con aquel beso que logro darle y cargaría también con el sonido de su último suspiro, hubiera sido peor... siempre puede ser peor Bufón, siempre- “D” toma un respiro y continúa.

-Pero, a pesar de que podría ser peor aquel dolor, que el dolor que experimentó al enterárse por medio de su celular, no puedo evitar preguntarme si ese último beso y ese fallido intento de reencuentro hubieran servido para mitigar la culpa y el sufrimiento posterior, aunque no del todo al menos una fracción, ¿Vale aquí arrepentirse de algo que no se hizo?- Le pregunta “D” a Bufón mientras observa a aquella chica que se marcha del parque, luego de haber dejado una flor sobre un montón de hojas secas.

Definitivamente el juego de hoy, no los dejó riendo a carcajadas como los intentos anteriores, quizás ese cúmulo de nubes obscuras que ennegreció el día y los azotó con sus frías ráfagas de viento, terminaron colándose al juego, supongo que las nubes tienen derecho a divertirse aun a costa de nuestro propio concepto de diversión.

By: “D”

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